Desde pequeña he tenido problemas en la boca: caries, caninos que crecieron fuera de lugar, necesidad de ortodoncia (fija y móvil), endodoncias… Tuve la suerte de tener un abuelo odontólogo, quien me atendió durante mi infancia y que tenía una mano tan hábil y delicada que no comencé a sufrir el ir al dentista hasta que comencé a ir a otros ya de más grande.

Por experiencia, coincido en que la genética tiene un papel importante en la salud bucal, ya que mi hermana prácticamente no ha ido al dentista y nuestros hábitos de higiene bucal han sido muy similares durante nuestra infancia. Y en cambio, mis padres siempre han tenido problemas en la boca… asique algo de “suerte” también influye.

Ya como adultos también comienzan a influir más factores como el estrés y el nerviosismo, que nos llevan a “bruxar” los dientes (apretarlos durante la noche), lo cual conlleva que nuestras encías se retraigan e incluso a la rotura y desgaste de piezas dentales y desajustes de mandíbula. Y otros factores como el fumar (no en mi caso), el tomar ciertos medicamentos, la desnutrición (por una alimentación pobre en nutrientes), entre otros.

Y si bien desde chicos se nos suele enseñar que cepillarse los dientes luego de las comidas es muy importante, en muchos casos no aprendemos a hacerlo correctamente, facilitando la proliferación de microorganismos patógenos en nuestra boca.

A una mala higiene dental diaria, se suma además el hecho de que sólo solemos ir al dentista cuando ya notamos malestares y no como prevención, o no cogemos la costumbre de hacernos una limpieza bucal a fondo al menos una vez al año. Todo ello contribuye a generar un ambiente propicio en nuestra boca para el desarrollo de estos microorganismos y de las patologías estomatológicas (de la boca).

¿Y por qué es tan importante el cuidado de la boca? No es sólo por una cuestión estética – lo cual es muy importante ya que unos dientes sucios, desparejos o incluso la falta de piezas dentales dan una imagen poco agradable –, sino para preservar nuestra salud general evitando infecciones que pueden derivar en graves enfermedades.

No solemos relacionar ciertas enfermedades y desajustes con la salud bucal, pero lo cierto es que la boca es la puerta de entrada al organismo. A través de ella entran los alimentos que ingerimos, los cuales al deglutirlos pasarán, junto con los microorganismos que habitan entre nuestros dientes, a través del tubo digestivo al torrente circulatorio y desde ahí se diseminarán por todo el organismo pudiendo producir infecciones en distintas partes de nuestro organismo: boca, faringe, estómago, riñones y aparato circulatorio.

 

Las diferentes problemáticas de la boca incluyen:

  • La inflamación, irritación y enrojecimiento de las encías (gingivitis).
  • Encías que sangran fácilmente cuando te cepillas los dientes o usas hilo dental o cepillos interdentales.
  • Encías retraídas y sensibles.
  • Periodontitis, que es una grave infección de las encías que daña el tejido blando y que, sin tratamiento, puede destruir el hueso que sostiene a los dientes haciendo que éstos se aflojen o que se pierdan.
  • La falta de piezas dentarias provocará, además de alteraciones de aspectos estéticos, defectos en la masticación, lo que se traduce en una mala digestión (la digestión comienza en la boca).
  • La halitosis o mal olor del aliento.

Todo el problema comienza con la formación de la placa en los dientes. La placa es una película pegajosa invisible que está compuesta mayormente por bacterias y gérmenes que se forma en los dientes cuando los almidones y los azúcares de la comida interactúan con las bacterias que normalmente se encuentran en la boca. La placa requiere una eliminación diaria porque se vuelve a formar rápidamente.

La placa que queda en los dientes puede endurecerse debajo de la línea de la encía y transformarse en sarro, el cual acumula bacterias. El sarro dificulta la eliminación de la placa, crea una protección para las bacterias y causa irritación a lo largo de la línea de la encía. Para eliminar el sarro, es necesario realizar una limpieza dental con un profesional.

Cuanto más tiempo permanezcan la placa y el sarro en los dientes, mayor será la irritación de la parte de la encía que rodea la base de los dientes, causando primero la gingivitis y las caries dentales, y luego, si no se trata a tiempo, la periodontitis.

Por todo esto, es importante incorporar en nuestras rutinas diarias una correcta higiene bucodental. Algunos consejos a tener en cuenta:

1. Utilizar cepillos adecuados. La mayoría de los profesionales de la odontología coinciden en que un cepillo de cerdas suaves es ideal para eliminar la placa y los restos alimenticios de los dientes. Los cepillos de cabeza pequeña también son recomendables puesto que llegan mejor a todas las zonas de la boca, aún a los dientes posteriores de difícil acceso. Para muchos, un cepillo dental eléctrico es una buena alternativa, ya que hace un mejor trabajo de limpieza de los dientes, especialmente en aquellas personas que tienen dificultades para cepillarse o destreza manual limitada. Cambiarlo cada 3 meses aproximadamente o cuando se noten desgastados.

2.  Cepillar correctamente. Esta  es la forma que recomiendan los odontólogos:

Lo ideal es dividir la boca en 4 sectores, empezando por el sector de arriba a la derecha, después el de arriba izquierda, siguiendo por el sector de abajo izquierda y terminando por el sector de abajo derecha. Colocar el cabezal del cepillo en posición horizontal sobre la encía superior, con una inclinación de 45º sobre el plano de los dientes.

Iniciar el cepillado de dientes con movimientos verticales o circulares, desde la encía hacia el diente (si el cepillado se realiza con movimientos horizontales se corre el riesgo de dañar las encías), cubriendo totalmente la encía, el diente y la unión de ambos. Los movimientos deben ser suaves pero firmes.

En la zona de masticación (la parte superior de las piezas dentales) el cepillado de dientes se debe realizar en sentido horizontal y con movimientos cortos de atrás a delante.

Además del orden, es importante el tiempo que le dedicamos. Para cada sector tenemos que estar cepillando 30 segundos por lo que en total estaremos 2 minutos.

Para finalizar, deberíamos limpiar la lengua, ya sea con un limpiador de lenguas, con una cuchara o con el mismo cepillo.

Finalmente enjuagaremos para eliminar el dentífrico.

Es importante enjuagar bien el cepillo y secarlo bien después de cada uso para evitar que se convierta en un foco de gérmenes. También puede dejarse en un vaso de agua con agua oxigenada que se irá cambiando cada día.

Lo ideal es cepillarse los dientes 20 minutos después de cada comida o, como mínimo, dos veces diarias.

3. En cuanto a la pasta dental, mi recomendación es elegir una pasta de dientes tan natural como sea posible y libre de flúor, las cuales se consiguen en tiendas de productos naturales o herbolarios. También está la opción de preparaos vuestras propias pastas dentales. Yo me preparo la mía (ver video aquí: ).

Algunos ingredientes interesantes para la salud dental son:

  • Arcilla blanca: limpiadora, alcalinizante, desinflamatoria y remineralizante.
  • Clavo: antiséptico y analgésico suave. Se puede poner directamente un clavo de olor si hay dolor.
  • Tomillo: Antiséptico y cicatrizante para prevenir infecciones y llagas. También nos servirá para encías sangrantes.
  • Mirra: Antimicrobiana, para infecciones bucales.
  • Aceite de coco virgen extra: antibacteriano y antifúngico. El ácido láurico previene la caries y el sarro.
  • Aceite esencial de menta: aromatizante fresco y antiséptico.
  • Aceite esencial de orégano: es un antibiótico natural apto para uso interno.
  • Propóleo: Refuerza las propiedades antisépticas y cicatrizantes. Muy útil en caso de aftas y flemones.
  • Salvia: Antiséptica, cicatrizante, analgésica y tónica.

4. Utilizar hilos dentales, cepillos interdentales o irrigadores después de cada comida para eliminar el resto de alimentos que queda entre los dientes, evitando la placa dental.

5. Utilizar de un buen colutorio no alcohólico 2 veces al día o al menos antes de irnos a dormir. Su empleo es más importante en casos de enfermedad periodontal y cuando existen evidentes limitaciones en las medidas de higiene rutinarias.

No todos los colutorios son realmente efectivos, por ello es importante que tengan el sello SEPA (de la Sociedad Española de Periodoncia) que garantiza su calidad, en base a estudios rigurosos y tras una exhaustiva evaluación de un comité de expertos.

Yo solía comprar mi colutorio en herboristerías al tener ingredientes más naturales. Y ya desde hace unos 2 años que me hago mi colutorio casero a base de agua de mar, aceite esencial de menta y de teatree y agua oxigenada. Y siento que me desinfecta y me deja la boca limpia y fresca.

6. Realizar visitas periódicas al dentista, tanto para una limpieza profesional más a fondo, como para subsanar las alteraciones que se hayan producido: caries, alteraciones en las encías, microfracturas, etc.

Con el cuidado bucal adecuado, los dientes durarán más tiempo sanos y nos encontraremos mucho mejor en todos los niveles.

Factores que aumentan el riesgo de periodontitis

(grave infección de las encías con riesgo de pérdida de piezas dentales)

  • Presencia de gingivitis (inflamación, enrojecimiento y sangrado de las encías) por un tiempo sin tratarla.
  • Hábitos de higiene oral deficientes. Mejor evitar comer entre horas alimentos con alto contenido en azucares simples y consistencia pegajosa (como zumos, panificados, barritas energéticas, yogures líquidos,…) o cepillarse los dientes luego de ingerirlos.
  • Fumar o mascar tabaco u otras hierbas o vapear.
  • Cambios hormonales, como aquellos relacionados con el embarazo o la menopausia.
  • La obesidad.
  • Nutrición inadecuada, incluida la deficiencia de vitamina C. Es importante llevar una dieta saludable y variada, libre de azúcares sencillos. Podemos sustituir la sacarosa por el xilitol (edulcorante de origen natural con bajo poder calórico y que previene la aparición de la caries).
  • La genética.
  • Ciertos medicamentos que provocan sequedad de la boca o cambios en las encías.
  • Afecciones que causan una disminución de la inmunidad, como la leucemia, el VIH/SIDA y el tratamiento del cáncer.
  • Ciertas enfermedades, como la diabetes, la artritis reumatoide y la enfermedad de Crohn.

El papel de la nutrición en nuestra salud bucal

Está demostrado que una  nutrición adecuada favorece no solo nuestra salud general, sino también nuestra salud bucal. A continuación enumero las vitaminas y minerales que favorecen especialmente el mantenimiento y reestructuración de nuestros dientes.

Vitaminas del complejo B

Son las que más beneficios proporcionan a la salud bucodental. Su deficiencia puede causar, dolor en las muelas, retracción de las encías y sensibilidad en las mucosas de la boca. Dentro de este complejo destacan:

La Vitamina B2 o Riboflavina, la cual participa en la formación de anticuerpos y glóbulos rojos. Si no se ingiere suficiente vitamina B2 se puede producir glositis (inflamación de la lengua), estomatitis angular (grietas en la zona bucal) o queilosis labial (fisuras en los labios). Algunos de los alimentos en los que está presente esta vitamina B2 son: la leche, queso, huevos, hígado, legumbres y algunos vegetales verdes.

La Niacina o B3, cuya función más importante es la prevención de la periodontitis. Se puede encontrar en el hígado, las carnes magras, los cereales, legumbres y en levadura de cerveza.

La Vitamina B12 o cianocobalamina, ayuda a mejorar la glositis y la periodontitis. Este tipo de vitamina se encuentra en carnes, vísceras, huevos, pescados y productos lácteos.

Vitamina K2

Actúa juntamente con la vitamina A y la vitamina D, activando y fabricando proteínas como la osteocalcina que se encargan de depositar calcio directamente en los huesos y dientes (evitando que este calcio se deposite en las arterias).

La podemos encontrar en hortalizas de hojas verdes como la espinaca, col rizada, brócoli y lechuga. También en aceites vegetales y algunas frutas como los arándanos azules y los higos.

Vitamina D

Facilita la absorción de calcio y fósforo que proporciona unos dientes sanos y protegidos contra factores externos que pueden dañar encías y piezas dentales. Tiene también una importante función en la regulación del sistema inmunológico, incluidas las respuestas inmunitarias ante infecciones virales.

Aunque la mejor fuente de vitamina D es la exposición moderada al sol, existen ciertos alimentos ricos en vitamina D como el queso, la leche, los champiñones, la yema de huevo, los cereales y los pescados grasos, como el atún, el salmón o la caballa, el hígado de res.

Vitamina C

Ayuda a activar los mecanismos de defensa, y por tanto, previene distintas enfermedades. Ayuda a evitar la inflamación de encías y facilita la curación de las encías sangrantes. La vitamina C también contribuye a que no se forme placa alrededor de los dientes que después puede derivar en caries. Interviene también en la síntesis de colágeno del organismo, incluyendo el de las encías, y es fundamental para el proceso de cicatrización.

La encontramos en las frutas cítricas: naranjas, limones, el kiwis, pomelos, fresas, papayas y en hortalizas como el pimiento rojo y verde, el brócoli y las patatas. Es mejor consumirlas crudas para evitar la pérdida de esta vitamina.

Vitamina A

Interviene en la formación y desarrollo de los huesos y dientes, así como en el mantenimiento de las mucosas y tejidos blandos de las encías, por lo que resulta imprescindible en el proceso de curación de las mismas. Contribuye además en la prevención de enfermedades infecciosas, especialmente del aparato respiratorio.

La encontramos en las hortalizas de hojas verdes, anaranjadas y amarillas: el brócoli, las zanahorias y los calabacines, entre otros. También la encontramos en el melón y el mango y en condimentos como el orégano, el eneldo y el pimentón en polvo. En la carne de ternera, el hígado, la leche, el queso y los huevos.

Su deficiencia puede provocar sequedad en las mucosas con el consecuente aumento de infecciones y otras enfermedades dentales como la caries.

Vitamina E

Es un poderoso antioxidante que ayuda a la curación de las encías. También es muy útil para aliviar el dolor de las mismas durante la dentición infantil.

Los alimentos que son ricos en vitamina E incluyen las semillas de girasol, las almendras, los cacahuetes, las hierbas aromáticas como el orégano, o las espinacas cocinadas.

Fosfato de calcio

Interviene en la formación de hueso y dientes, importante especialmente en las primeras 2 décadas de vida para lograr la masa ósea máxima óptima, y luego en la edad adulta para el mantenimiento del hueso.

Los alimentos de origen vegetal con mucho calcio asimilable son: Sésamo, almendras, higos secos, brócoli, acelga, chía, chocolate y cacao (puro al 90%).

En cuanto al fósforo, se pueden obtener las cantidades recomendadas consumiendo una variedad de alimentos tanto de origen animal como vegetal: en productos lácteos como yogur, leche y queso; en cereales como arroz integral y avena; en las carnes, pescados y huevos; en las nueces, semillas de lino y pipas de girasol; en las legumbres como lentejas, alubias blancas y guisantes.

Silicio orgánico

Tiene la función de crear y reforzar todos los tejidos del organismo, haciendo de “nexo” entre la piel con los músculos, uñas y resto de cartílagos del cuerpo. También promueve la calcificación de los huesos para que estos sean más fuertes y resistentes.

Se encuentra en la lechuga, la remolacha, el pepino (con piel), las acelgas, las judías y la cebolla. También en cereales como el arroz, la avena, el centeno, las cáscaras del trigo y el mijo, uno de los cereales con mayor concentración de silicio orgánico.

INVIERTE TIEMPO EN TI Y EN TU SALUD.

Recuerda que siempre es más fácil prevenir que curar.

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